Un abrazo a todos mis amigos. Gracias por estar cuando acierto, pero más especialmente en mis yerros.
Gracias por aceptarme así como soy
Feliz día a todos
lunes, 20 de julio de 2009
jueves, 2 de abril de 2009
Reflexiones sin demagogia
Por Osvaldo Bayer
Tengo 82 años y nací justo tres semanas antes que Alfonsín. Es decir que viví todos los mismos tiempos históricos. La Década Infame durante la niñez, el golpe del ‘43 a los 15 años y el primer peronismo a los 18. Y todo lo demás. Las tristes realidades argentinas pero siempre las esperanzas al comenzar de nuevo.
¿Qué pienso de Alfonsín? Empecemos por el lado bueno. Es uno de los pocos presidentes a los que no se le puede reprochar ningún negociado ni enriquecimiento en provecho propio. Eso ya es algo, en la Argentina.
En lo demás tal vez sea muy duro, pero es que viví parte de mi vida en Alemania, principalmente en la posguerra, y tal vez esperé de Alfonsín –después de la dictadura de la desaparición– una política parecida a la del posnazismo en Alemania, donde el pueblo alemán demostró haber aprendido, por fin, la lección para siempre. Nunca más ni el militarismo ni las guerras ni el racismo ni el totalitarismo.
Cuando regresé de mi exilio pensé que la Argentina iba a iniciar el mismo camino de autocrítica, luego de la larga cadena de dictaduras militares y del haber sido escenario de la “Muerte argentina”, como se conoce en el exterior al sistema de la desaparición de personas, la tortura bestial de los prisioneros, su muerte final –como el ser arrojado con vida desde aviones al río– y el robo de sus niños.
No, no fue así. Empezó el tire y afloje. Mi primera decepción fue cuando Alfonsín y su partido no propugnaron la comisión bicameral investigadora de los crímenes militares –como tendría que haber sido– sino que cargó esa responsabilidad en una “comisión de notables” elegidos a dedo. Algunos de los cuales habían sido colaboracionistas de los dictadores o, por lo menos, sonrientes concurrentes a audiencias de los verdugos. Bien, sí, algo hizo la llamada Conadep porque por lo menos se recogieron acusaciones. Pero no se cumplió con la investigación a fondo que podría haber tenido –por su responsabilidad– una comisión bicameral. Para luego pasar al juzgamiento de los responsables mayores.
Se hizo entonces el juicio a los comandantes, pero limitado a eso, a los responsables pero no a los centenares de ejecutores. Y esos responsables fueron a parar a “countries” cercanos a un penal militar, entre jardines y con la visita diaria de sus familias. Luego, el levantamiento de carapintadas y el presidente que va en helicóptero al cuartel a “parlamentar” con los que volvían a levantarse con sus armas contra el poder elegido por el pueblo. En vez de resistir con el pueblo, no, fue a parlamentar. De ahí salieron las humillantes palabras para todos los que estábamos en Plaza de Mayo dispuestos a defender la democracia hasta sus últimas instancias, que quedarán para la historia de las renuncias argentinas: “La casa está en orden”, “Felices Pascuas”. Y de inmediato las leyes que avergonzarán para siempre al Congreso Nacional, de obediencia debida y punto final. Votadas por los representantes de la Unión Cívica Radical.
En otras palabras: libertad incondicional para todos los uniformados de la picana eléctrica y la desaparición. La democracia se había puesto de rodillas ante los criminales desaparecedores. Eso fue imperdonable. Como lo fue también un hecho de ese gobierno: el mantenimiento en la cárcel hasta cumplir con sus condenas de los presos políticos que habían sido condenados por los jueces de la dictadura. Yo los visité hasta bien entrado el año ’88. Fui, me acuerdo, con la actriz noruega Liv Ullmann a Devoto. Allí estaban, eran cuatro. Y nos juraron su inocencia y nos relataron las torturas bestiales a que habían sido sometidos por esos “jueces” de la dictadura a los que el gobierno de Alfonsín no dejó cesantes como tendría que haber hecho. Y el otro acto que nos llenó de tristeza y pesimismo fue la brutal represión ordenada por el gobierno radical contra los invasores de La Tablada. En vez de seguir el consejo del jefe de policía de aquel entonces, de sitiar el cuartel y rendirlos por hambre, envió nada menos que al peor represor que había actuado en Mar del Plata, autor de la trágica Noche de las Corbatas, que llevó a la desaparición de todos los abogados de derechos humanos de esa ciudad. Ese señor general invadió el cuartel de La Tablada con bombas de napalm, gases y fuego cruzado de ametralladoras. La masacre fue evidente: murieron soldados que se hallaban en el cuartel, guerrilleros y hasta se dieron el lujo los militares de haber hecho “desaparecer” a unos cuantos de los jóvenes invasores. La comisión de derechos humanos de la OEA criticaría después abiertamente al gobierno de Alfonsín por ese ataque y por haber sido los acusados mal juzgados, sin los resguardos pertinentes. Y, para no extenderme, el final. El haber abandonado el gobierno cinco meses antes de terminar su mandato, para dejarle el “muerto” económico a Menem. Ningún estadista elegido por el pueblo debe hacer una cosa así. Tiene el deber de demostrar su sentido de la responsabilidad hasta último momento. Por algo el pueblo, después de Alfonsín, cambió de rumbo y volvió a votar al peronismo. Y tuvimos que aguantar diez años a Menem y su saqueo por el Pacto de Olivos, un arreglo de comité que acentuó el personalismo en nuestro país.
No logramos, después de la dictadura de la desaparición, la democracia que deberíamos haber implantado tras las trágicas enseñanzas de nuestro país tan humillado. Escribo esto para llamar a la realidad y no mentirnos en un falso “respeto por los muertos”. Debemos pensar también en los otros muertos, en aquellos que dieron su vida por más justicia en una democracia. Pensar que, desde aquel diciembre de 1983, no hemos cumplido con el principal mandato de una auténtica democracia: un país sin niños con hambre, un país sin villas miseria, un país sin desocupados.
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lunes, 30 de marzo de 2009
LA CONCIENCIA
A veces me pregunto por el alcance del término conciencia, su contenido, materialidad y constitución. Nada fácil ha resultado la tarea.
A poco de andar dudo sobre la pertenencia de la conciencia como sustancia del ser, es decir: ¿Es la conciencia parte del ser como lo es el pensamiento? ¿Lo es como la propia existencia? La respuesta se me antoja compleja y difusa.
En ocasiones, observando las personas de nuestra sociedad actual, pareciera que la conciencia es fruto de un constructo individual sometido inevitablemente a las influencias y condiciones culturales de tiempo y lugar. A pesar de la globalizalción en su polisemia, encuentro particularidades locales no transferibles a otras regiones, como ser las más o menos espasmódicas movilizaciones ambientalistas. Estas se dan en determinados contextos y no en todas las poblaciones afectadas por el ataque homicida de la contaminación. Baste con ver el Riachuelo por un lado y Gualeguaychú por otro.
Sin embargo percibo también algunas manifestaciones de conciencia impropias de una sociedad individualista, hedonista y fragmentaria. ¿Por qué ese jóven decide abandonar por un rato su divertimento para movilizarse por los Derechos Humanos? ¿Qué moviliza a ese docente que deja su casa, sus cosas, su familia para ir en auxilio del niño vejado u olvidado? ¿Por qué cientos de hombres y mujeres se involucran activamente y con intenciones altruistas en organizaciones políticas a pesar de la corrupción sistémica de las mismas? ¿Por qué Einstein no participó en la construcción de la Bomba de la muerte genocida?
Muchas preguntas, difíciles y escurridizas las respuestas. Si es la conciencia constitución natural del hombre, parece que algo quedó en el camino evolutivo de la humanidad, pues de aquel nous griego, de ese impresiante telos, hemos devenido en esta vacuidad instrumental, en la negación de toda forma de felicidad preñada de plenitud espiritual.
Por otra parte, si no es materia constitutiva del ser, si es fruto de un constructo cultural y social, entonces evidentemente esa conciencia cachetea nuestro rostro con una durísima realidad, pues ese edificio ha sido construido sobre bases precarias, sin real anclaje histórico, sin connotación de pertenencia y humanidad. Hemos entrado pues en el camino inverso al de la humanización, y en todo caso, la involución hace más estruendoso el fracaso de una filosofía de vida argumentada en la racionalidad moderna que nos deja desnudos, impotentes y, peor aún, ignorantes de ello e indiferentes.
De una u otra manera, el porvenir no parece promisorio. A no ser... que el hombre decida... no lo se... pero tal vez la luz pueda romper las sombras.
Sergio González
jueves, 5 de marzo de 2009
A CUALQUIER COSTO... DE CUALQUIER MANERA
Seguro el gran Sócrates se revuelve en su tumba... o los gritos desgarradores del alma de Tupac denunciarían esta generación cómplice y perversa.
Seguro me siento avasallado, triste, envejecido... pero jamás derrotado. Él y yo, mayoría absoluta.
Las clases, de cualquier forma, la educación, de cualquier manera, el silencio de la sabiduría que huye por resquicios de dignidad ausente en una lucha sin convicciones, o mejor dicho, minada por las conveniencias.
¡Cuánto hemos bebido de posmodernidad! En el altar del invidividualismo se pregona la lujuriosa palabra del no ser, de la esperanza traicionada, de tanta sangre inutilmente derramada. Dolor...
Este mundo... no puedo terminar de encontrar mi lugar en él. ¿Acaso es mi error? No lo se, pero somos pocos, cada vez menos los que alzamos las banderas, no por posesión de verdad, sino por amor, y para mal esos pocos estamos dispersos.
Sí, querido Sócrates, luego de miles de años poco hemos aprendido, y tus gritos Tupác se pierden en las hondonadas, sin ecos, sin devoluciones, sin vida.
¿Pesimismo? No, dolor.
Si todo es a cualquier costo y de cualquier manera, poco queda ya por hacer. Rezar, callar y esperar.
Seguro me siento avasallado, triste, envejecido... pero jamás derrotado. Él y yo, mayoría absoluta.
Las clases, de cualquier forma, la educación, de cualquier manera, el silencio de la sabiduría que huye por resquicios de dignidad ausente en una lucha sin convicciones, o mejor dicho, minada por las conveniencias.
¡Cuánto hemos bebido de posmodernidad! En el altar del invidividualismo se pregona la lujuriosa palabra del no ser, de la esperanza traicionada, de tanta sangre inutilmente derramada. Dolor...
Este mundo... no puedo terminar de encontrar mi lugar en él. ¿Acaso es mi error? No lo se, pero somos pocos, cada vez menos los que alzamos las banderas, no por posesión de verdad, sino por amor, y para mal esos pocos estamos dispersos.
Sí, querido Sócrates, luego de miles de años poco hemos aprendido, y tus gritos Tupác se pierden en las hondonadas, sin ecos, sin devoluciones, sin vida.
¿Pesimismo? No, dolor.
Si todo es a cualquier costo y de cualquier manera, poco queda ya por hacer. Rezar, callar y esperar.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
EL ESPACIO... EL TIEMPO
HOY, DESDE MI PROPIO AQUÍ, EN ESTE TIEMPO, DESDE MI TIEMPO EXPANDO MIS OJOS ESPIRITUALES PARA LLEGAR AL CENTRO DE TU VITALIDAD COSMICA Y BRINDAR POR LA VIDA, LA AMISTAD Y EL AMOR.
NOVELES ALMANAQUES HARTOS DE ILUSTRACIONES, SÍMBOLOS QUE VAN Y VIENE, PERO AL FINAL, EN EL RESQUICIO DEL SER QUE INFILTRA LA ESENCIA, EXUDA LO SUBLIME DE SABERME EN TI, SABIÉNDOTE.
ES PAZ, AMIGOS, ES ANHELO, ES PASIÓN.
ES LA DICHA DE SER Y ESTAR, DE PODER DECIR-ME, ES DAR-ME Y BASTA.
HE SIDO, SOY FELIZ... ¿SE PUEDE MÁS?
CAMBIO DE ALMANAQUE, PERO NO, EN REALIDAD, NUEVO ESPACIO VITAL, NOBEL TIEMPO PARA RESPIRAR
NOVELES ALMANAQUES HARTOS DE ILUSTRACIONES, SÍMBOLOS QUE VAN Y VIENE, PERO AL FINAL, EN EL RESQUICIO DEL SER QUE INFILTRA LA ESENCIA, EXUDA LO SUBLIME DE SABERME EN TI, SABIÉNDOTE.
ES PAZ, AMIGOS, ES ANHELO, ES PASIÓN.
ES LA DICHA DE SER Y ESTAR, DE PODER DECIR-ME, ES DAR-ME Y BASTA.
HE SIDO, SOY FELIZ... ¿SE PUEDE MÁS?
CAMBIO DE ALMANAQUE, PERO NO, EN REALIDAD, NUEVO ESPACIO VITAL, NOBEL TIEMPO PARA RESPIRAR
miércoles, 8 de octubre de 2008
La Zanahoria y El Burro
Cuentan los paisanos, de un alejado pueblito del norte, que un burro terco y solitario que vivía en una estancia, no quería servir a sus patrones. Que tenia todo el porte de ser un animal astuto e inteligente, tal es así que no quería ser acompañado por las demás "bestias" del corral. El patrón, tras intentos reiterados de hacerlo entrar en razón, mando largarlo al monte bravío. Pero por su desobediencia los peones le ataron a su cabeza una rama de donde colgaba una zanahoria El burro altanero, sin gestos de enojo o agradecimiento, merodea por él como con aires de intelectual.
Z— Ven, sígueme, obnubilado animal, ahora que me has puesto aquí como tu manjar mas preciado deberás obedecerte
B— Es que el tedio me ha invadido
Z— Tonto, vendrás por mí a la larga o a la corta, es una lógica inevitable, es la trampa de la vida, es una trampa mortal. Veras, no he conocido animal alguno que puede vivir sin mí, soy el camino que andarás, soy la vida que vivirás y la verdad a la que llegaras.
B— ¿Eres mi producto? ¿Podré olvidarte? Dormiré en los brazos de la sabiduría suprema que teje mi destino con más autoridad que ti, ¡cebo de un deseo hueco!
Z— ¡Que eres presa fácil ciego compañero! Ahí estas, nuevamente mirándome delante tuyo, con silueta desdibujada, pero firme y atractiva, puedes caer en la mas obstinada red de elucubraciones, que afloro como fruta fresca para tu hambre nativo. Tan astuta naturaleza me complazco de tener que no te empacharas de mí, la tensión será eterna hasta tus últimos días, me pavoneare frente a tu rostro marchito hasta tus últimos segundos, ahí como siempre usare el hermoso vestido que dejo reservado para el final, el vestido de libertad.
B—¡Calla monstruo voraz, dame un minuto de paz!
Z— Insensato, cada paso es necesario, no hay brechas, la desesperación tiene su premio en la esperanza, el dolor en la paz, la tristeza en la alegría y así todo tendrá el gusto adecuado, no querrás llegar a mí con un paladar insípido. Recuerda siempre, la vida indolora es cuento viejo que algunos mercaderes se encargan de vender con astucia.
B— ¡Insolente, descarada! imploró día y noche para curar mi megalomanía, pediré perdón hasta mi muerte por ensalzar esta voluntad bruta, instintiva, inescrupulosa, que osa poner nombre a lo que no tiene nombre
Z— ¿Nombres? Yo tengo todos los que quieras, ve revisa tu biblioteca, pregunta a los demás burritos y me encontraras con tantos nombres que te marearas, quieres paz, quieres olvidarte de mi, quieres silenciar tu dialogo interno, ese que dicta y dicta sin cesar, quieres tapar la voz que juzga al otro, quieres la ilusión hecha carne, quieres el sueño en tus brazos, vamos burrito, vamos, has mas y mas grande mi estatura, será tan grande que tu imagen se empequeñecerá hasta la de una hormiga, esas que pisas en tus paseos por los peñascos.
B— Tengo que recocer que ahí estas siempre, pujando para no des-animar esta vida, quizás deba abdicar, ¡pero no comprendo!, ¡no entiendo! ¡Yo quiero saber! ¡Quiero ver! Mis pasos se gastaran inútilmente hasta caer mañana entre el silencio de estos árboles. Me he liberado del yugo de esos amos tontos, me he alejado de esas bestias torpes que viven de paja y agua, y ahora en el recogimiento absoluto solo esta, esta zanahoria parlanchina que me dice ven, ven.
Z— Que hermosas palabras, me tientas a dejarme morder, pero eso acabaría el cuento, pero para no desviarte te daré una guía sabia, te daré una pregunta ¿Qué deseas burrito? ¿Que desea tu corazón inquieto y desolado?
B—Lo que en tiempos lejanos desee lo tengo, tengo todo lo que antes anhele con todas las fuerzas de mi ser, sin embargo agarradas mis metas mi corazón vuelve a cero, se vacía, queda como estanque seco y a esos estanques no se les arrima la vida, vos ya los habrás vistos, desolados. Luego con tal experiencia uno ya no le dan ganas de ponerse metas, pues así como vienen se van, entonces se queda uno ahí, en el desierto. Tampoco quiero una meta inmensa que no pueda alcanzar jamás o que sea solo promesa, yo tengo las patas en la tierra por ahora, de nada me sirven las cosas que penden mas allá de esta. Entonces uno come, duerme y pasea por el prado con los ojos desorbitados esperando que "salte la liebre", que el destino le de un sopapo. ¿Que quieres que desee? Deseo mi totalidad, no quiero medias tintas, no quiero lo pasajero y fútil, pero a la mano uno ve eso nomás, mira como los chanchos arremeten sobre la comida, en instantes su deseo nacerá ni bien se la hallan terminado, mas rápido la comen mas rápido les volverá el hambre.
Quizás desee descansar, descansar de ti, de mí, descansar en otro, pero no como suele pasarme cuando trabajo, que parece uno como olvidarse de uno mismo, o cuando abrazo a mis seres queridos, que uno se funde en otro, no lo se…
Z — ¿Pero te imaginas una vida sin mi?
B—No, y es lo contradictorio y dramático, sin un deseo estoy desolado, pero con uno inalcanzable estoy desesperado, los demás, de poca monta son un entretenimiento, nada mas.
Crajj!!!, crajjj!!
El cielo cubierto de espesas nubes negras, daba un espectáculo de rallos y truenos al monte, los animales despavoridos corrían a sus refugios, el burro despertó de sus cavilaciones por un árbol que se desplomo al lado de sus patas, en su admiración repentina vio que la rama que pendía de su cabeza ya no estaba, miro a su alrededor, quizás por primera vez, los animales se cubrían en familia de sus temores, el burro se tiro debajo de unos árboles y medito con calma..
B— Quizás he querido responderme con mis propias fuerzas, pero ellas parecen ser débiles ante las preguntas inmensas que quiero dar, ya ven no estaba en mi la fuerza para quebrar esa rama que entorpecía mi mirar, un acto misterioso, de fuerzas ajenas a mi me a podido despabilar un poco la mirada, quizás deba dar gracias, quizás las respuestas vengan como la tormenta o el rallo, de arriba sin tanto aviso.
Z— Ven, sígueme, obnubilado animal, ahora que me has puesto aquí como tu manjar mas preciado deberás obedecerte
B— Es que el tedio me ha invadido
Z— Tonto, vendrás por mí a la larga o a la corta, es una lógica inevitable, es la trampa de la vida, es una trampa mortal. Veras, no he conocido animal alguno que puede vivir sin mí, soy el camino que andarás, soy la vida que vivirás y la verdad a la que llegaras.
B— ¿Eres mi producto? ¿Podré olvidarte? Dormiré en los brazos de la sabiduría suprema que teje mi destino con más autoridad que ti, ¡cebo de un deseo hueco!
Z— ¡Que eres presa fácil ciego compañero! Ahí estas, nuevamente mirándome delante tuyo, con silueta desdibujada, pero firme y atractiva, puedes caer en la mas obstinada red de elucubraciones, que afloro como fruta fresca para tu hambre nativo. Tan astuta naturaleza me complazco de tener que no te empacharas de mí, la tensión será eterna hasta tus últimos días, me pavoneare frente a tu rostro marchito hasta tus últimos segundos, ahí como siempre usare el hermoso vestido que dejo reservado para el final, el vestido de libertad.
B—¡Calla monstruo voraz, dame un minuto de paz!
Z— Insensato, cada paso es necesario, no hay brechas, la desesperación tiene su premio en la esperanza, el dolor en la paz, la tristeza en la alegría y así todo tendrá el gusto adecuado, no querrás llegar a mí con un paladar insípido. Recuerda siempre, la vida indolora es cuento viejo que algunos mercaderes se encargan de vender con astucia.
B— ¡Insolente, descarada! imploró día y noche para curar mi megalomanía, pediré perdón hasta mi muerte por ensalzar esta voluntad bruta, instintiva, inescrupulosa, que osa poner nombre a lo que no tiene nombre
Z— ¿Nombres? Yo tengo todos los que quieras, ve revisa tu biblioteca, pregunta a los demás burritos y me encontraras con tantos nombres que te marearas, quieres paz, quieres olvidarte de mi, quieres silenciar tu dialogo interno, ese que dicta y dicta sin cesar, quieres tapar la voz que juzga al otro, quieres la ilusión hecha carne, quieres el sueño en tus brazos, vamos burrito, vamos, has mas y mas grande mi estatura, será tan grande que tu imagen se empequeñecerá hasta la de una hormiga, esas que pisas en tus paseos por los peñascos.
B— Tengo que recocer que ahí estas siempre, pujando para no des-animar esta vida, quizás deba abdicar, ¡pero no comprendo!, ¡no entiendo! ¡Yo quiero saber! ¡Quiero ver! Mis pasos se gastaran inútilmente hasta caer mañana entre el silencio de estos árboles. Me he liberado del yugo de esos amos tontos, me he alejado de esas bestias torpes que viven de paja y agua, y ahora en el recogimiento absoluto solo esta, esta zanahoria parlanchina que me dice ven, ven.
Z— Que hermosas palabras, me tientas a dejarme morder, pero eso acabaría el cuento, pero para no desviarte te daré una guía sabia, te daré una pregunta ¿Qué deseas burrito? ¿Que desea tu corazón inquieto y desolado?
B—Lo que en tiempos lejanos desee lo tengo, tengo todo lo que antes anhele con todas las fuerzas de mi ser, sin embargo agarradas mis metas mi corazón vuelve a cero, se vacía, queda como estanque seco y a esos estanques no se les arrima la vida, vos ya los habrás vistos, desolados. Luego con tal experiencia uno ya no le dan ganas de ponerse metas, pues así como vienen se van, entonces se queda uno ahí, en el desierto. Tampoco quiero una meta inmensa que no pueda alcanzar jamás o que sea solo promesa, yo tengo las patas en la tierra por ahora, de nada me sirven las cosas que penden mas allá de esta. Entonces uno come, duerme y pasea por el prado con los ojos desorbitados esperando que "salte la liebre", que el destino le de un sopapo. ¿Que quieres que desee? Deseo mi totalidad, no quiero medias tintas, no quiero lo pasajero y fútil, pero a la mano uno ve eso nomás, mira como los chanchos arremeten sobre la comida, en instantes su deseo nacerá ni bien se la hallan terminado, mas rápido la comen mas rápido les volverá el hambre.
Quizás desee descansar, descansar de ti, de mí, descansar en otro, pero no como suele pasarme cuando trabajo, que parece uno como olvidarse de uno mismo, o cuando abrazo a mis seres queridos, que uno se funde en otro, no lo se…
Z — ¿Pero te imaginas una vida sin mi?
B—No, y es lo contradictorio y dramático, sin un deseo estoy desolado, pero con uno inalcanzable estoy desesperado, los demás, de poca monta son un entretenimiento, nada mas.
Crajj!!!, crajjj!!
El cielo cubierto de espesas nubes negras, daba un espectáculo de rallos y truenos al monte, los animales despavoridos corrían a sus refugios, el burro despertó de sus cavilaciones por un árbol que se desplomo al lado de sus patas, en su admiración repentina vio que la rama que pendía de su cabeza ya no estaba, miro a su alrededor, quizás por primera vez, los animales se cubrían en familia de sus temores, el burro se tiro debajo de unos árboles y medito con calma..
B— Quizás he querido responderme con mis propias fuerzas, pero ellas parecen ser débiles ante las preguntas inmensas que quiero dar, ya ven no estaba en mi la fuerza para quebrar esa rama que entorpecía mi mirar, un acto misterioso, de fuerzas ajenas a mi me a podido despabilar un poco la mirada, quizás deba dar gracias, quizás las respuestas vengan como la tormenta o el rallo, de arriba sin tanto aviso.
lunes, 22 de septiembre de 2008
EL HOMBRE DEL JARDIN
Un torrente de fuerzas pujan, pasiones que corretean despavoridas, anónimas impertinentes yacen limitadas por la piel, ese cerco mágico donde se tocan los dos mundos, pero erguido mirando impávido el corren del arroyo humano, las dejo topar y topar. Siento solo la brisa fría, roza mi rostro y mueve mis cabellos. Hay, también, azahares mezclados, regalados en el aire, perciben mis sentidos la espesa amalgama. Mi latir le da el ritmo a la sinfónica estación. Un pequeño gesto humanizaría la estancia, pero como un estoico árbol me dejo dejar, ahí se tocan lo continente y lo contenido, esfumándose en la armonía. A estas alturas olvide mi nombre, el contorno que me individualiza, disolví mirar y mirado, fuera y dentro, muerte y vida. Soy la flor, el perfume, lo perfumado, el color y lo coloreado. Huéleme, abrázame, pues yo ya no puedo abrasar. Voy en la danza amorosa de la vida, juego con las formas, con la prisión y la libertad, me mimetizo en las sombras y en los brillos, ¡ahí estoy! en la gota que pende de la hoja a merced de los vientos, ahora en la escama del dorado que salta en los aires, en los ojos cristalinos de la enamorada, donde el enamorado y el amor se funden hasta el infinito, como el juego de los espejos multiplicados. En la oración, en esas manos estrechadas que estrujan a Dios, en la rica pobreza que rompe el tiempo y calma en la eterna espera, en la caricia, en la paciencia, ese analgésico terreno. En los santos niños, maestros fugaces que dejamos escapar. Huéleme, soy el hombre del jardín, me hice perfume para ti en ti, hermosa rosa que pavoneas tus pétalos escarlata, al olerte me hueles y nace la belleza. Soy el hombre del jardín, soy el alma de las cosas en mi alma, soy porque soy la prisión y la libertad. El hombre que se desune para ser reunión.
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